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    • 18 MAR 15

    Cristina Serrano normaliza la enfermedad mental en Gaceta.es

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    Cristina Serrano, residente de la residencia Alpedrete Grupo 5 ha participado en un artículo de Gaceta.es. Un artículo de Hayda Ramos a quien queremos agradecer el enfoque normalizador y su interés por dar visibilidad a la enfermedad mental. Os dejamos el artículo:
    A pesar de las cifras de incidencia, la enfermedad mental sigue siendo la gran desconocida: el día a día para los afectados es una permanente batalla contra estereotipos, prejuicios y dolorosas ideas preconcebidas.
    Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades mentales suponen el 40% de las dolencias crónicas en todo el planeta. En España, alrededor de un millón de personas conviven con una enfermedad mental, lo que representa un 12,5% de todas las patologías, porcentaje que supera a los referidos al cáncer y a los trastornos cardiovasculares. A pesar de las cifras, tanto en el mundo como en nuestro país, estas dolencias siguen siendo las grandes desconocidas: el día a día para los pacientes y sus familias es una permanente batalla contra estereotipos, prejuicios y dolorosas ideas preconcebidas.

    La enfermedad mental es eso, una enfermedad, y nada tiene que ver con la debilidad. Pero con tratamiento, apoyo social y comprensión, la mayoría de los afectados puede hacer vida normal: “Si una persona con enfermedad mental se aísla en casa, el resultado es desastroso”, describe a GACETA.ES José Manuel Dolader, creador de varios programas de radio sobre discapacidad, mundo al que lleva vinculado desde 1983, y promotor de la iniciativa para designar 2016 Año de la Salud Mental en España, con la que se busca que la sociedad y los medios de comunicación “hablen de ella en sentido positivo, y no solo por sucesos”, que es lo que ocurre actualmente: “Hay que romper estereotipos y dar visibilidad a este tipo de dolencias”, añade, para lo que es imprescindible la colaboración de toda la sociedad y de las Administraciones Públicas.

    ‘¿Te imaginas que un diputado dijera que tiene esquizofrenia?’

    Una persona con enfermedad mental es como cualquier otra: quiere estudiar, trabajar, ser independiente… Quiere, pero muchas veces no puede: “Las enfermedades mentales tienen muy mala imagen. Cuando hablas de ellas, la gente piensa en personas complicadas y peligrosas”. ¿Las consecuencias? Un daño brutal que se amplifica “cuando el afectado, avergonzado, se esconde”. Es el temido aislamiento. Porque, por ejemplo, “¿te imaginas que un diputado dijera que tiene esquizofrenia?”, pregunta Dolader. Por ello, estas personas necesitan tratamiento, asistencia integral, apoyo del entorno… y que derribemos, entre todos, esos enormes muros que son las barreras sociales que construimos a base de estigmas, mitos y prejuicios.

    Unos prejuicios que son la base y el alimento de lo que viene después. Muchas veces, todo empieza con la negación de la enfermedad, incluso por parte de muchas familias. Y si no hay diagnóstico, faltan el tratamiento, la ayuda adecuada, la terapia… y la comprensión, tanto en casa como fuera de ella. Negar la enfermedad es negar a la persona. A partir de ahí, la soledad, el no querer hacer nada, la depresión y, cuando la situación es extrema, los intentos de suicidio: “De las 100.000 personas que hay en España con trastorno límite de personalidad (TLP), la mitad intenta acabar con su vida; un 20% lo consigue”. Es solo un ejemplo. Pero hay muchos más. Y tienen nombre y apellido. Como el de Cristina Serrano, de 38 años, que estuvo “quince días en coma” después de “meterme todo lo que tenía”. Se refiere a la medicación, “que requiere un proceso muy duro de acomodación hasta que se da con la dosis que requiere cada persona”, explica María Tomé, psicóloga de a Asociación en Lucha por la Salud Mental y los Cambios Sociales (Alusamen). Cristina no se olvida de que “hace unos días” volvieron los fantasmas del pasado, en forma de recuerdos: “Tuve una recaída e intenté volver a quitarme la vida”.

    Hoy mira al futuro de la mano de Andrés Felipe, su novio: “Es la primera vez que me tratan bien”, dice, orgullosa, de él, de 27 años, que tiene esquizofrenia paranoide y trastorno de la personalidad, un diagnóstico que llegó “a los 17 años”. “De pequeño me había sentido con malestar, pero a esa edad ya no estudiaba y no sacaba nada de provecho a lo que hacía”. ¿Sus primeros síntomas? “Tenía mucha apatía. Me costaba mucho despertarme temprano, ponerme a hacer las tareas, sacaba malas notas… Tenía una pereza muy exagerada”, cuenta. Hoy sabe que “sin la medicación no podría vivir”, pero prescindir de ella le ha provocado “varias recaídas”. “Con el brote, la persona magnifica todo. Cuando baja, comienza a sentir los efectos secundarios de la medicación”, explica la psicóloga, que añade que “entonces empieza a plantearse si le está haciendo bien”. Ejemplos de felicidad conjunta, como el de Cristina y Andrés, no hay muchos: solamente el 14% de las personas con enfermedad mental crónica tiene pareja estable y un 18% dice no tener ninguna amistad.

    Mañana puedes ser tú

    Otro de los grandes retos pendientes es la integración laboral. El empleo es, de hecho, el principal ámbito de discriminación: “Con el tratamiento adecuado y el apoyo del entorno, estas personas pueden hacer una vida totalmente normal”, explica Dolader. Pero hay que acabar con los mitos: “Las personas con enfermedad mental no suponen ningún peligro para nadie. Si acaso, para ellos, que muchas veces se autolesionan y no son pocos los que llegan al suicidio”.

    “Hay mucho estigma social, y la gente no tiene ni puñetera idea, piensan que vas a salir con un cuchillo a matar”, cuenta a GACETA.ES un enfermo que a sus 37 años y tras una vida de “continuo sufrimiento” prefiere conservar el anonimato. Los datos le dan la razón: el porcentaje de agresiones por parte de personas con enfermedad mental es mucho menor que entre la población que no la tiene.

    El resumen no deja lugar a dudas y nos tiene que hacer reflexionar: la percepción social de la enfermedad mental, sesgada por el desconocimiento y la desinformación, influye en el aislamiento de los pacientes y supone barreras en su recuperación, muchas veces construidas por los estigmas basados en prejuicios cuya consecuencia es una aún mayor discriminación social.

    Las enfermedades mentales, invisibles a la sociedad, están mucho más cerca de lo que nos imaginamos: cualquiera de nosotros puede padecer una dolencia de este tipo en cualquier momento, una realidad a la que hoy se enfrentan una de cada cuatro personas, incidencia que los expertos prevén que se incremente de manera considerable en el futuro. Hoy puede ser una amiga, un compañero de trabajo, un familiar, un vecino, un amigo de un amigo… Mañana puedes ser tú.

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