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    • 09 JUN 16
    Los pintores de la Residencia Alpedrete

    Los pintores de la Residencia Alpedrete

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    De cuento en cuento vienen a visitarnos las ilustraciones, difíciles, complicadas, o terriblemente fáciles,  o eso creemos pues lo mismo la sobriedad ni es sencilla ni lo más accesible. Simplemente una forma de entender un tema y respetarlo de algún modo. Pero claro, hay diferentes formas de entender un problema y más de mil y un par de afrontarlo. A partir de ahí tantas maneras distintas de tratar algo que es imposible que nuestros encefalogramas podrína ser el mejor de los dibujos de lo que sentimos.

    Nos sentamos en grupo, como si algo nos conectara, pero en realidad estamos perdidos, todos nosotros ante un lienzo en blanco, un ideario completo que puede ocupar un trazo, un recorte sobre otro, que nos recuerdan nuestras partes partidas, trozos recompuestos a base de unirlos con otros que también necesitan el mismo tipo de cariño, aunque sean una oreja, un trozo de pie, o los labios de mustios de un enfermo que se le olvido pedir un billete de vuelta a sus propios miedos.

    En otras ocasiones los encefalogramas totalmente aplastados por mi mente, recorren el propio recuerdo de su olvido, analíticas que nunca dieron positivo, en palabras del diccionario, solo en lo que te cuento de oído a oído…

    Me vuelvo en momentos distintos y quisiera asustarme, pero solo puedo corregir espejos de mí mismo. Me dibujo y me pinto varias veces, colocándome sobre cualquier superficie, parezco una radiografía derretida. Así que te miro, y desde otra perspectiva te palpo y ahí estás de nuevo, (hay días que no me atrevo ni siquiera a pisar la hierba, si aún te recuerdo en ella, o soy capaz de tirarme desde el mismo acantilado miles de veces hasta encontrarte o me enciendas el faro, o sea yo el que dé comer a los peces, e incluso abandonado en una ventana cuidaré de tus paisajes de flores, de lo que te provoque risa, desde primera hora del día, hasta que me reciten de ti la luna aunque se esconda y las estrellas.

    Hay quien prefiere casas ideales con tres balcones, paisajes inimaginables, que devuelven la juventud, y hasta besos y abrazos de los que nos olvidamos. Hoy, ayer, y dentro de un estaremos aquí de nuevo, todos juntos terminando o empezando, dando también las gracias a quienes nos enseñaron, desde el Universo de la Universidad Complutense. Gracias.

    Ángel Flores Muñoz

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